Esta historia comenzó en Quito, cuando Fran Sepu cursaba su internado de Medicina y necesitaba un vehículo para desplazarse. Allí apareció una Vespa gris que terminaría llamándose La Balita y transformaría su manera de viajar.







Quito y el comienzo de la historia
Quito está rodeada de montañas y volcanes y conserva un centro histórico reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Sus iglesias, plazas, museos y obras de la Escuela Quiteña revelan siglos de historia indígena, colonial y mestiza.







Una nueva abeja en El Avispero
Fran encontró en redes sociales a El Avispero Quito, un grupo de aficionados a las scooters. Sus integrantes lo recibieron, compartieron conocimientos mecánicos y le ayudaron a preparar La Balita para un primer recorrido largo.







El primer viaje en grupo
Unas veinticinco personas se reunieron a las siete de la mañana. Algunas motocicletas presentaron fallas antes de salir y alrededor de veinte continuaron. Entre los viajeros estaban Ilario Lavarra y una pareja colombiana que recorría Sudamérica en Vespa.







De los Andes a la selva
La ruta atravesó Papallacta a más de 4000 metros, con frío, neblina, lluvia y viento, antes de descender hacia Baeza y el clima cálido de la Amazonía. La jornada se extendió durante unas dieciocho horas y varias motos sufrieron problemas por la lluvia.







Baños y el regreso a Quito
El grupo llegó agotado, compartió algunas bebidas y descansó antes de recorrer unos 250 kilómetros de regreso. La Balita respondió sin fallas y la confianza de Fran creció con cada kilómetro.








¿Por qué se llama La Balita?
La Vespa recibió ese nombre porque es gris como una bala, aunque no es precisamente rápida. Esa ironía terminó convirtiéndose en parte de su identidad y en el comienzo de muchas travesías posteriores.
























