Cuando vives lejos de casa, encontrarte con un rostro conocido puede cambiar por completo una semana. Durante mi intercambio en Alemania casi todo era nuevo: el idioma, las familias, las ciudades y las rutinas. Por suerte, mi amigo ecuatoriano Dankmar viajó a visitarme y conseguimos reunirnos dos veces.
Esta historia forma parte de mi intercambio en Alemania entre 2008 y 2009.
La historia de Dankmar en Alemania
Dankmar también había pasado un año de intercambio en Alemania. Vivió en Wattenscheid, un sector de Bochum situado en Renania del Norte-Westfalia, el mismo estado en el que yo me encontraba.
Su padre anfitrión era pastor de una iglesia protestante llamada Friedenskirche. Él y su esposa no tenían hijos y desarrollaron una relación muy cercana con Dankmar. Después de que regresó a Ecuador, lo ayudaron a ahorrar para que pudiera volver a visitarlos.
Mi viaje a Wattenscheid

Para visitarlo tuve que solicitar permiso a la organización de intercambio. Los viajes de los estudiantes estaban bastante controlados, pero esta vez autorizaron la salida.
El 10 de agosto de 2008, después de mis clases de alemán, tomé un tren regional. Dankmar me esperaba en la estación con una bicicleta porque la casa del pastor quedaba cerca.
Una iglesia protestante y una tarde entre amigos
Conocí a dos de sus amigos y caminamos por el centro. Más tarde, el pastor nos mostró la iglesia: la nave, el coro, las cúpulas, el ático y la sala de máquinas que controlaba las campanas.
Era la primera vez que visitaba un templo de otra denominación cristiana. A primera vista encontré más similitudes que diferencias con las iglesias católicas que conocía.
Terminamos la visita conversando en el jardín y tomando una cerveza local. Cerca de las seis de la tarde regresé en tren, agradecido por la hospitalidad y por la oportunidad de conocer otro rincón de Alemania.
Dankmar visita Colonia
Diez días después, Dankmar llegó a Colonia acompañado de tres amigos. Quería volver a la catedral porque había descubierto que allí se conserva el relicario tradicionalmente asociado con los Reyes Magos.
Recorrimos el interior y luego subimos los 533 escalones de la torre. Dankmar fumaba en aquella época y el ascenso le exigió bastante esfuerzo. Desde arriba contemplamos y fotografiamos la ciudad.
Una tarde junto al Rin

Después bajamos al parque cercano al río. Dankmar llevaba algunas artesanías y pequeños objetos para vender o intercambiar. Incluso se colocó un parche en el ojo y extendió la mercancía sobre una tela amarilla. Un vendedor se acercó y terminó negociando con él.


También se aproximaron unos predicadores que intentaron explicarnos sus creencias en alemán. Dankmar escuchó durante bastante tiempo; yo apenas comprendía el idioma. Cuando se marcharon, resumió una lección práctica: cuando no quieras continuar una conversación, aprende a decir «Nein, danke».
Mi primera experiencia con una cachimba
Más tarde entramos en un restaurante de Oriente Medio y probamos una cachimba, también conocida como shisha. Era la primera vez que fumaba algo. Me sentí mal al poco tiempo y decidí que no era una experiencia que quisiera repetir con frecuencia.
La cachimba utiliza una cazoleta con tabaco aromatizado, carbón y un recipiente con agua. Aunque el humo pueda tener sabores frutales, no es inocuo. Hoy conviene recordar que fumar cachimba también expone a nicotina, monóxido de carbono y otras sustancias perjudiciales.
Una despedida breve pero importante

Al final de la tarde nos despedimos. Dankmar regresaría pronto a Ecuador y aquella fue la última vez que lo vi durante mi intercambio.
Sus dos visitas fueron una conexión temporal con casa. En un año marcado por lo desconocido, compartir recuerdos, expresiones y referencias ecuatorianas con un amigo me ayudó a sentir que mi vida anterior no estaba tan lejos.
















