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Choques culturales en Alemania: mis primeras semanas de intercambio

Hombre sorprendido junto a una bandera de Alemania.

Durante mis primeros meses en Alemania me sentía entusiasmado y, al mismo tiempo, sorprendido. Ecuador y Alemania comparten muchos referentes occidentales, pero las diferencias cotidianas aparecían en lugares inesperados.

Estas observaciones pertenecen a mi año de intercambio entre 2008 y 2009. No pretenden describir a todas las personas de ninguno de los dos países, sino contar lo que experimenté en situaciones concretas.

Menos presión social para beber alcohol

Caja con botellas de cerveza alemana sobre el césped.

En Alemania percibí más respeto cuando alguien decidía no beber alcohol o fumar. Si respondía «no, gracias», normalmente no insistían.

En Ecuador era más habitual que algunas personas ofrecieran una bebida varias veces e intentaran convencer a quien la rechazaba con frases como «toma una», «no te hagas de rogar» o «¿no te gusta?». Las experiencias varían, pero para mí fue un choque cultural descubrir que una negativa podía aceptarse sin discusión.

Una relación más visible con la marihuana

Cannabis, cigarrillos de marihuana y aceite sobre una mesa.

En Alemania vi marihuana por primera vez. Un fin de semana mis padres anfitriones de Brück salieron y mis hermanos anfitriones organizaron una pequeña reunión. Mi hermano preparó un cigarrillo de marihuana para compartir con su hermana, un primo y una amiga.

Fumaron tranquilamente en el balcón y cerraron la puerta para que el olor no entrara. Escuchaban canciones de Patrice y Bob Marley. Yo había visto situaciones parecidas en películas, pero observarlas personalmente era distinto.

En varias reuniones algunas personas me ofrecieron marihuana. Cuando me preguntaban cuánto costaba en Ecuador, no sabía qué responder: nunca la había fumado ni comprado. Algunas no podían creerlo y asociaban automáticamente Sudamérica con su producción.

Una vez pregunté cómo conseguían la marihuana. Me explicaron que alguien conocía a otra persona, que a su vez conocía a otra. Me pareció una red compleja de contactos.

Por supuesto que existe marihuana en Ecuador, pero en mi entorno estaba más escondida y no se ofrecía con tanta naturalidad a personas que no fumaban habitualmente.

Una señal alemana contra las despedidas largas

Cerca de la casa de Sand, mi amigo de intercambio, vi una señal de taxi peculiar en Bensberg. Indicaba que el espacio era únicamente para subir o bajar pasajeros. El dibujo mostraba a una mujer enviando besos desde el volante, pero la acción estaba prohibida.

Señal de taxi que limita las despedidas prolongadas en Alemania.

Cuando entendí la señal me reí en voz alta. Me parecía absurdo regular incluso el tiempo de una despedida. Sin embargo, también comprendí la razón: sin una norma, algunas personas podrían permanecer hablando y bloquear el espacio para otros taxis.

El choque cultural más importante: la seguridad

La noche del 23 de agosto de 2008 fui al bar Cubanito con Sand. Al acompañarlo a casa encontré un Audi R8 estacionado en la calle. Para muchas personas era algo normal; desde mi experiencia ecuatoriana, parecía muy arriesgado.

Audi R8 estacionado de noche en una calle alemana.

En Ecuador los robos de objetos dentro de los automóviles eran frecuentes en determinadas zonas y horarios. Podías encontrar una ventana rota o una cerradura forzada, y por eso era común buscar un estacionamiento, una zona protegida o un guardia.

Ver un automóvil de lujo estacionado de noche, sin protección y con el motor visible me resultó difícil de asimilar.

Parte trasera de un Audi R8 estacionado en la calle.
Motor visible a través de la cubierta trasera de un Audi R8.

Aunque acepté que el contexto era diferente, no podía evitar imaginar qué ocurriría si aquel mismo automóvil quedara en una calle ecuatoriana a las once de la noche de un viernes.

Los choques culturales continúan

Estas fueron solo algunas diferencias de mis primeras semanas. A medida que avanzó el intercambio aparecieron nuevas costumbres, normas sociales y detalles cotidianos que me obligaron a reconsiderar lo que antes parecía normal.

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