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Estudiar en Portugal: las razones que me llevaron a comenzar de nuevo

Hombre sentado junto a una bandera de Portugal en un recinto interior.

Antes de 2020 nunca imaginé que terminaría estudiando en Portugal. Ni siquiera estaba entre mis destinos inmediatos. Una serie de circunstancias, decisiones y oportunidades terminó llevándome hasta allí para cursar una maestría y convertir mi curiosidad por las culturas en parte de mi vida cotidiana.

Mi experiencia anterior había sido un viaje de casi cinco meses por Turquía para aprender el idioma y conocer su cultura. Portugal era diferente: además de adaptarme a otro país, debía cumplir con las exigencias académicas de un posgrado.

Quería volver a vivir en Europa

Entre 2008 y 2009 viví en Alemania. Aquella experiencia me ayudó a madurar, a ser más consciente de otras realidades y a descubrir que el mundo podía ser más seguro y accesible de lo que había imaginado. La curiosidad por seguir explorándolo no dejó de crecer.

Años después de regresar a Ecuador comenzó a tomar forma una idea: quería escribir un libro relacionado con idiomas, culturas, ficción, ingeniería y otros temas. Para hacerlo necesitaba contacto real con distintas sociedades. Así surgió el proyecto de vivir al menos un año en cada continente.

Volver a Europa me permitiría observarla con objetivos distintos. La primera vez no estaba pensando en escribir ni en transformar esas experiencias en un proyecto de vida. Esta vez sí.

Mi entorno estaba cambiando

Vista urbana de una ciudad europea.

Durante los años anteriores muchos de mis amigos se casaron, formaron familias y comenzaron nuevas etapas. Me alegraba por ellos, pero nuestros encuentros eran cada vez menos frecuentes. Esa transformación funcionó como una alarma interna: si quería cumplir mi proyecto, tenía que comenzar.

Si quieres realizar tu proyecto, tienes que empezar ahora.

Viajar también implicaba renuncias. Me perdería navidades, carnavales, reuniones familiares y momentos importantes con mis sobrinos, padres, primos y amigos. A veces recibiría fotografías de encuentros a los que habría querido asistir.

A cambio, ganaría un idioma, experiencias sociales y profesionales, y una comprensión más profunda de otra cultura. Vivir fuera no tenía por qué perjudicar mi trayectoria profesional; podía enriquecerla.

El impulso académico para estudiar en Portugal

El 26 de noviembre de 2021 asistí a una presentación de universidades portuguesas cerca de mi ciudad. Una agencia explicaba la oferta académica, ayudaba a elegir universidades y acompañaba los trámites. Después de varios intentos fallidos de conseguir becas, aquella oportunidad pareció el empujón que necesitaba.

Habían pasado varios años desde mi graduación en Ingeniería Electrónica. Tras trabajar en la industria, había vuelto a considerar una maestría. Algunas universidades portuguesas no exigían la misma puntuación mínima de TOEFL que otras instituciones a las que había consultado. Podía aplazar el proyecto otro año o aprovechar esa posibilidad.

También había decidido no viajar durante 2020 y 2021 por la pandemia. Cuando las condiciones mejoraron, Portugal apareció como una oportunidad concreta.

Portugués: parecido al español, pero no idéntico

Pareja preparando alimentos en una cocina.

Comencé a estudiar portugués cuando fui aceptado. Durante cuatro meses escuché un curso de audio mientras paseaba a mis perros. Aprendí conversaciones en portugués de Brasil, pero casi nada de gramática o escritura.

Después pasé a pódcast de Portugal y descubrí que entendía muy poco. La pronunciación europea era bastante más difícil de lo esperado. Aquello confirmó que aprender el idioma requeriría más energía, práctica y exposición cotidiana.

La posibilidad de obtener la ciudadanía

En 2019 escuché por primera vez sobre procesos de ciudadanía relacionados con España y Portugal. Al principio dudé: el costo era elevado, la espera podía durar años y no sabía si compensaba. Con el tiempo entendí que una segunda ciudadanía podía facilitar viajes y abrir nuevas oportunidades.

Si algún día iba a ser ciudadano portugués, quería sentir una conexión real con el país. Hablar, escuchar, leer y escribir su idioma se convirtió en una meta. Estudiar allí durante dos años parecía una manera coherente de comenzar.

La independencia como objetivo final

Persona reflexionando en una habitación.

Más allá de la universidad, buscaba independencia: aprender a vivir en distintos lugares, desprenderme de una sola ubicación, comprender mejor la gestión y las finanzas, hacer amistades entre culturas y adaptarme a normas sociales que nadie explica.

Portugal sería una etapa del proyecto, no el destino final. Cada mudanza futura volvería a exigirme observar, aprender y reconstruir una vida cotidiana.

¿Vale la pena estudiar en Portugal?

Mi decisión combinó motivos académicos, culturales y personales. No significa que Portugal sea la opción correcta para todo el mundo. Antes de elegir conviene comparar programas, costos, requisitos migratorios, alojamiento y oportunidades profesionales.

Para mí, estudiar en Portugal representó la posibilidad de avanzar en una maestría mientras aprendía un idioma y comprobaba si podía construir una vida más independiente en otro país.

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